Hace unas semanas presencié con desolación como mutilaban y cercenaban todos los árboles de la calle en la que nací, me crié, en la que he vivido más de la mitad de mi vida, y en la que sigue viviendo mi madre, la Calle León Leal, donde estaban los antiguos chalets del INP, los recordaréis, los que tenían los porches con los colores del parchís, aún sobreviven dos de ellos en la C/ Ronda del Carmen.

Esos árboles tenían más de 50 años, mi edad, (seguramente ahora nos han dado la oportunidad de comprobarlo, contando los anillos en el tocón), ya que en mi recuerdo existen desde siempre. Esos árboles, que ya no están, son parte de mi historia y de la de todos los que nos criamos en esa calle. Tengo impregnado en mi memoria el olor del cinamomo (es bonito hasta el nombre), inmenso desde mi estatura de niño, que se erguía orgulloso, hasta hace unos días en la puerta de la que fuera mi casa, que por la noche, en primavera-verano desprendía un intenso y maravilloso olor que se colaba por la ventana de mi dormitorio. A todos esos árboles nos subimos a jugar a «tarzán», cogíamos las flores blancas de las acacias y nos comíamos su parte más dulce…., las bayas del cinamomo eran las balas de nuestros tiradores (tirachinas) o a veces improvisados pendientes , pero sobre todo, estuvimos y disfrutamos bajo su sombra horas y horas, entonces vivíamos en la calle, no había problema para jugar al futbol en la calzada, pasaba un coche cada media hora, más o menos, y en primavera y verano, que el sol aprieta, el portero esperaba el ataque del contrario refugiado en la sombra generosa de aquellos árboles, que aunque no eran tan grandes era suficiente para gente menuda como nosotros.

Si recordáis las aceras, entonces en mi calle, eran la mitad cemento y la mitad tierra. El espacio entre árbol y árbol, se convertía, después de horadar un «guá» con el tacón de la bota, en una auténtica cancha para jugar a los bolindres (media, cuarta y pie). También era un magnífico “rin” para tirar la «peona» y sacar del círculo a picotazos la de tus colegas, de jugar al clavo en invierno cuando la tierra estaba blanda…, que contaros, en todos los barrios era igual. Yo regaba esos árboles a la vez que el jardín de mi casa, y a su sombra lavábamos el coche de mi padre por el módico precio de 25 pts.

Pues bien, el día que presenciaba lo que a mí me parecía una barbaridad, le pregunté por qué a la persona que me pareció el responsable de todo aquello. Su contestación, que me pareció auténticamente una gilipollez para salir del paso (con perdón, fue mi percepción), fue la siguiente: «Los árboles hay que quitarlos por que molestan, levantan las aceras y además no podemos pensar que la ciudad es el campo…» fin de la cita…

caceres-verde-memoria-talada-leon-lealEn el caso del maravilloso cinamomo que estaba en la puerta de mi casa, dudo mucho que molestara a nadie. Antes de su decapitación, estaba fuerte, ufano y galante en la puerta del Chalet de mis padres, que, con gran pena, en el solar que ocupaba, hace ya unos 20 años, se inició la construcción un nuevo bloque de pisos. Una de las condiciones que se le puso al constructor, por parte del propio Ayuntamiento, fue que durante las operaciones de demolición y nueva construcción se respetaran los árboles que había en la fachada de los dos Chalets, y así se hizo. En los últimos 17 años, más o menos, que lleva construido el nuevo edificio, en el que viven mi madre y mi hermana, no hemos oído a ningún vecino quejarse del árbol, o al menos yo no tengo noticias de ello. En anteriores podas se ha podado con cabeza y criterio para que crezca hacia el centro de la calle proyectando una estupenda sombra, sin dañar en ningún caso la fachada del edificio. El acerado y el alcorque que circunda el «MUÑON» que queda en pie, no está levantado ni desplazado por las raíces.

¿Alguien me puede explicar con qué criterio o interés se mutila nuestro Cáceres verde, y mis recuerdos y los de todos los que disfrutamos y jugamos a la sombra de esos maravillosos árboles?.

Comparto con vosotros está iniciativa, para mí tiene, además de la importancia de la ecología, el medio ambiente que respiramos, y el aspecto verde de nuestras calles, un fuerte componente sentimental. Cuando he visto los tocones de los árboles de mi calle, los de la Avenida de la Montaña y algunos en Ronda del Carmen, he sentido una profunda tristeza. Sobre cómo han arrasado la arboleda de la C/ San Pedro, mejor ni hablo, no ha quedado ni uno, la Alcaldesa puede estar orgullosa de la obra emblemática de su legislatura. Esta mañana arrancaban los cepellones de los plátanos de sombra que han cortado en la Av. de la Montaña con una máquina excavadora, es increíble. Deberíamos hacer un censo de los árboles talados, seguro que nos asustaríamos.

Habrá técnicos que nos dirán que es necesario, que los árboles envejecen….yo no me lo creo y mi tristeza menos todavía.

«Los árboles hay que quitarlos por que molestan, levantan las aceras y además no podemos pensar que la ciudad es el campo…«

Cuando pasas a diario al lado de los árboles de nuestras calles, o buscas su sombra en verano, al igual que cuando pasas al lado de un monumento emblemático, muchas veces ni te das cuenta de que están. Los árboles, sobre todos los árboles viejos son monumentos de la naturaleza o al menos, proyecto de ello, y tienen su historia, un experto podría leer mucho en sus troncos. Yo paso de vez en cuando por debajo del Arco de la Estrella, y casi siempre miro hacia arriba y me maravillo de lo que hizo el arquitecto, dejando para Cáceres un magnifico monumento, un regalo de la historia para los cacereños. Pues bien, estoy seguro de que las personas que pasan a diario una o dos veces bajo el arco, lo hacen como si fueran por el pasillo de su casa, con total naturalidad, es su rutina diaria. ¿Qué sentirían si una mañana, camino de su trabajo, en la Diputación, Ayuntamiento o empresa, se encontraran con que el Arco de la Estrella no está por que lo han demolido por motivos…”urbanísticos”, por ejemplo?. Reconozco que la comparación está muy forzada, pero en el fondo es lo mismo, y así como arbitramos normas para proteger el patrimonio histórico y artístico, deberíamos dictar normas para proteger nuestro patrimonio verde, o al menos preservarlo lo más posible.

Yo que soy profano y bastante ignorante en temas botánicos, no lo soy en disfrutar y hacer un uso responsable de la naturaleza. Puedo entender y de hecho entiendo que es posible que alguno de los árboles que había en mi calle y en las otras que he comentado, hubiera que arrancarlo, bien por enfermedad o por que estén deteriorando el pavimento, tuberías u otras instalaciones, pero no todos. Pero a pesar de lo dicho, también creo que son un bien preciado y patrimonio de todos los cacereños y su memoria, pienso que no es necesario talar todos los árboles que tengan un tronco de más de 20 cm. de diámetro apoyándose en excusas pobres.

Animo a los técnicos del Ayuntamiento a que expliquen y nos convenzan de por qué lo que han hecho es lo correcto, pero no dando razones genéricas, árbol por árbol, ya que cada uno tiene su vida y su historia.

Igualmente animo a los vecinos de otros barrios que hayan sentido algo parecido a lo que he sentido yo a que se sumen a la petición de que se preserve nuestro patrimonio verde.

Tuve la inmensa suerte de conocer, aunque debo decir que no la de ser su amigo, a Diosdado Simón, por desgracia fallecido muy joven, Un gran botánico y conocedor de las plantas, y a quien creo que no se ha reconocido su suficientemente su labor como Jefe de Jardines del Ayuntamiento de Cáceres, y que me consta, si fue reconocido por asociaciones nacionales de amantes de los árboles por la excelencia en sus campañas de poda en nuestra ciudad. Estoy seguro de que él, que tenía censados todos los árboles de la ciudad, no hubiera estado de acuerdo con esta “política”.

En fin habrá que esperar otros 50 años, para que los nuevos árboles que planten vuelvan a tener el porte y el tronío de los que han talado, eso si los dejan en paz. En cualquier caso, yo no lo veré, y estos nuevos árboles, por desgracia ya no tendrán la historia que tenían los que han desaparecido, ya los niños casi no juegan en la calle, tal vez su historia la harán ellos y sus colegas los perros que los riegan regularmente.

José Antonio Salas Moreno

Pin It on Pinterest

Share This