A la vuelta de las vacaciones de verano, aún con el sol castigando nuestros campos, CáceresVerde se vuelve a encontrar con una nueva actuación, que cuanto menos podríamos tildar de prepotente y antidemocrática.

El cedro que hace algo más de un año se trasladó de mala manera hasta el Parque del Príncipe ya no está allí. Lo han quitado. Se lo han llevado. Había muerto hace meses. Sí, claro que había muerto. Desde el mismo día en que se trasplantó se supo que no sobreviviría. Con esa muerte muchas personas nos indignamos por ver en ella el resultado de una medida  arbitraria y de prepotencia institucional. Arbitraria por innecesaria y prepotente por no tener en cuenta la opinión y el sentir de muchos ciudadanos y ser el producto de un modelo de desarrollo urbano que primó una obra que no era prioritaria para la ciudad y que significaba un agravio para muchos barrios que vieron cómo de nuevo se ponían las miradas lejos de ellos y sus problemas. Prepotencia, así mismo, porque creyeron que haciendo un trasplante, a todas luces falto de todo rigor, iban a engañar a las personas que una y otra vez decíamos que el cedro moriría.

Pretendían hacernos creer, como si fuéramos unos pardillos ignorantes, que el cedro se estaba preservando. ¡Qué desfachatez! Sólo hay que recordar cómo podaron sus ramas y cómo trocearon parte de sus raíces, cómo envolvieron un triste y raquítico cepellón con una armadura de escayola que ni tan siquiera duró hasta el punto final del traslado (lejos, lejos de las miradas, lejos).

Todo aquello fue una farsa, un acto antidemocrático. Un atentado contra el patrimonio verde de nuestra ciudad y un acto de torpeza innecesario. No, no nos engañaron… El cedro se convirtió en todo un referente de la impunidad con la que algunas de nuestras autoridades locales creen que pueden actuar indefinidamente.

El cedro murió, claro que murió como ser vivo, pero creció como símbolo y recuerdo de una época de la ciudad. Y, como la creatividad sigue existiendo, artistas locales, junto con CáceresVerde pensaron crear algo nuevo de este árbol muerto. Pensaron que el error y la arbitrariedad podrían aliviarse de alguna manera con las creaciones que hicieran estos artistas.

El cedro seguiría vivo de otra manera y hablaría de una época, pero eso es justamente lo que parece que a la autoridad municipal que ha encargado su retirada más le asusta. Si no, no se entiende  a qué se debe esa manera de quitarlo sin avisar, sin escuchar las peticiones de que se mantuviera en el  lugar donde se encontraba en la actualidad.

No, no podían consentir ese recuerdo, esa mirada colectiva. No podían tolerarlo. Y el cedro, nuestro cedro, del que quedaba un tronco apuntalado y seguro, se esfumó hace pocos días.

Según parece, técnicos municipales, amantes de parques y jardines, ejecutaron órdenes. Si dicen desde “arriba” “Hay que quitarlo”, sin más, se quita. Lo mismo que si dicen “hay que trasplantarlo en julio”, se trasplanta.

Y así, de nuevo nuestro Ayuntamiento cree que los ciudadanos son tontos, que los ciudadanos tragan lo que les cuenten, que “ese” colectivo de CáceresVerde tendrá que callarse y suspender la convocatoria para reunirse con los artistas.

Y, de nuevo, cuando desde distintos medios se les pregunta  por qué se ha arrancado el tronco del cedro, intentan hacer llegar mensajes que acallen las críticas. “Se ha quitado porque iba a caerse”, “Se ha quitado porque era un peligro”, “No se desperdicia, se dona a una institución benéfica para que lo utilicen como leña”…

“Paroles”, “Paroles”, “Paroles”, ya lo decía hace muchos años una canción francesa.

 

Las opiniones vertidas en los artículos de este blog que van firmados por autores individuales son de la exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, y no tienen porqué coincidir necesariamente con el pensamiento o con la línea editorial de CáceresVerde como colectivo, salvo que en el artículo figure “CáceresVerde” como autor.
Share This