Hoy podemos leer con estupefacción tanto en el Diario Hoy como en El Periódico Extremadura cosas como esta:

“La alcaldesa de Cáceres, Elena Nevado, se comprometió ayer a que la ciudad «sea la la capital española más verde», por encima incluso de Vitoria”

Por lo visto, sigue empeñada en considerar a los ciudadanos de Cáceres como a auténticos imbéciles. Se trata de la misma alcaldesa que hace sólo unos días le decía en Facebook a alguien de nuestro colectivo, quien le había preguntado porqué no paraba la tala de árboles: “¿Qué tala? Es falso, estoy harta de mentiras”.

¿”Qué tala”, señora alcaldesa? Pregúntele a los ciudadanos de Cáceres qué tala.

Y en las mismas noticias de hoy, también podemos leer cosas como estas:

“Durante una comparecencia en el Ayuntamiento, respondió con este anuncio a la pregunta sobre cómo había encajado los comentarios negativos por la tala de los árboles de Primo de Rivera y el transplante del cedro. Ante las críticas de la plataforma ‘Cáceres Verde’ sobre las pocas probabilidades de supervivencia de este ejemplar, Elena Nevado, no demasiado cómoda con la cuestión, defendió que el árbol está ya transplantado en el Parque del Príncipe, que está recibiendo cuidados para que sobreviva y que todo el proceso se llevó a cabo bajo supervisión técnica. «Deseo su supervivencia y el compromiso que yo asumo es el de resarcir ese dolor por la pérdida de los árboles, a mí es a la primera que me duele», remarcó.”

Vamos a hablar de una de las razones por las que no debe estar “demasiado cómoda con la cuestión”. A estas alturas todo el mundo sabe que el transplante del cedro ha sido un auténtico paripé (espero que todo el mundo, porque en caso contrario la alcaldesa tendría razón en su suposición de que los ciudadanos de Cáceres somos imbéciles). Pero el 20 de Julio de 2015 pasaron incluso más cosas que no todo el mundo conoce, y que consideramos nuestro deber esclarecer.

Algo que no todo el mundo conoce es que gente experta, gente que tiene mucho que decir en estos asuntos, gente que de hecho trabaja en estos asuntos, opinaba, sugirió y recomendó que, dado que por el propio interés de la empresa concesionaria no había otra opción que trasladar el cedro en la peor época posible y en las peores condiciones posibles (en contra de lo que se dijo por parte del ayuntamiento antes de que esta nefasta obra comenzara), el sitio donde más opciones de sobrevivir tenía este emblemático árbol era justo al lado de su ubicación original.

De primera mano, de manos de expertos cuya opinión la alcaldesa sin ninguna duda también conocía, conocemos que la ubicación más óptima para transplantar ese árbol era a escasos metros de donde siempre ha estado: detrás de la estatua de Hernán Cortés, cerca de uno de los extremos de la misma isleta de la estatua ecuestre.

Concretamente, aquí:

caceresverde-cedro-primo-de-rivera-transplante

Mismas condiciones de suelo, mismas condiciones climáticas, menores problemas de traslado, etc. No hacen falta más que un par de dedos de frente para opinar que sin duda se trataba de una opción acertada.

Y además, sin necesidad de cortar niguna rama para meter el árbol en la caja de un camión. Y además, sin necesidad de cortar ramas de otros árboles para hacer pasar al camión y a la grúa por los caminos del Parque del Príncipe. Y además, con un menor coste económico.

Sin embargo, políticamente eso no interesaba. Daba igual el árbol, daban igual los ciudadadanos, políticamente no interesaba. Porque, suponiendo por ejemplo que el cedro tenía tan sólo un 20% de probabilidades de subsistir, los políticos en el poder no podían permitirse el lujo de tener un 80% de probabilidades de quedar mal mientras que todos los ciudadadanos de Cáceres veíamos agonizar nuestro querido árbol en una ubicación tan visible para todos. No, políticamente interesaba más quitarlo de la vista y llevárselo lejos de allí, aunque eso supusiera cargarse la mayor parte de ese escaso 20% de probabilidades de supervivencia.

De esta forma, el paripé que han hecho con este árbol ha sido un paripé elevado al cubo, y me temo que la única razón es que políticamente resultaba más beneficioso para algunos. De nuevo, intereses absolutamente contrarios a los de los ciudadanos pasando como un rodillo aplastante por encima de los mismos.

Personalmente, he de decir alto y claro que me produce verdadera repugnancia cualquier decisión de un gobernante que anteponga el más mínimo interés político a los intereseses reales de los ciudadanos, sea del color político que sea quien tome esa decisión. Pero esto es sólo una opinión personal.

Lo que no es una opinión personal, sin embargo, es que las escasas probabilidades de supervivencia que este árbol tenía se han visto mermadas aún más cuando las decisiones finales sobre su traslado han sido tomadas por los políticos desoyendo las recomendaciones de los expertos. Las probabilidades de substistencia eran mucho mayores en la isleta de la estatua, y eso no es una opinión personal mía, es la opinión técnica de quienes deberían haber sido escuchados.

Ójala el cedro sobreviva finalmente. Pero si lo consigue, ha de quedar claro que no habrá sido gracias precisamente a quien ahora dice comprometerse a tener “la capital española más verde” y a “resarcir nuestro dolor”.

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